19 jul. 2007

La Mancha




Traspasé el papel,
la tinta indeleble humedeció demasiado la hoja en la que escribía, y las letras benditas que elevaban las palabras que formaban las simples oraciones de estúpido contenido personal se hicieron pelota. Sin más me despido con un saludo cordial es lo único que me queda para agregar a esta mancha sin complejos de expansión en mi carta.
El papel no dice nada,
solo un saludo final, y una herida de tinta que no se borra fácilmente, un saludo que no es el último y una herida que no es la primera...
Blanca, una maestra que tuve mucho tiempo antes de aprender a manejar mi bólido me decía todo el tiempo "No apoyes tanto el lápiz" siempre quiero hacerle caso, pero a veces, en algunos momentos, me olvido...

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